Bonnie Klassen es la Directora Regional de CCM para Sur América y México

Hoy celebramos la resurrección de Jesús.

Es interesante notar que antes de la resurrección de Jesús, la Biblia documenta varios otros casos de personas muertas que se resucitaron.  El hijo de la viuda de Zarepta, levantado por Elías.  El hijo de la mujer de Sunem, levantado por Eliseo.  La hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naín y Lázaro, a quienes Jesús resucitó. Celebramos la resurrección de Jesús justo porque es más que un hecho.  Marca el comienzo de un nuevo camino donde la resurrección no es excepcional.

Generalmente, ¿cómo reaccionamos ante la muerte?  Con dolor, con rabia, con miedo.  Estos sentimientos son normales, pero si caminamos la vida guiado por la ira, por el temor, entonces, llenaremos nuestra vida con más dolor, con más violencia y con más muerte.

Jesús enseña a sus discípulos que él es la resurrección.  Si escogemos el camino de resurrección en nuestra cotidianidad, en vez del camino de muerte, encontraremos que la resurrección no es algo que ocurre solamente al final de la vida, sino que, la resurrección es el camino.

Hace poco les pedí a mis colegas de CCM de las diferentes regiones del mundo ejemplos de resurrecciones que han visto alrededor.  Estas son algunas respuestas:

  • Historias de reconciliación en familias o entre individuos
  • Brotes de vida en la naturaleza después de la época de muerte en el invierno
  • La Comisión de Verdad y Reconciliación en Canadá, respondiendo a los muchos abusos sufrida por la población indígena en Canadá en las escuelas residenciales forzadas
  • Una cárcel que se ha convertido en un centro de actividades comunitarias
  • Las noticias tan difíciles y dolorosos en el periódico, mezclados con otra materia orgánica en el compost, para eventualmente volverse abono y nutrir a un jardín.

Caminando con la comunidad en Haiti.

El ejemplo que yo tenía en la mente es una comunidad que visité hace poco en Haití,  en una zona supremamente seca y de difícil acceso.  Otra organización de asesoría agrícola les había visitado y les había dicho “aquí no hay nada que hacer….es mejor que se vayan de acá.”  Pero el equipo de CCM decidió acompañar a la comunidad, aportando nuevas técnicas para cultivar en zonas muy secas.  Cuando visitamos, vimos pequeñas áreas de árboles y plantas nuevas surgiendo en el desierto.  Hubieron podido darse por vencido en la muerte, pero la comunidad decidió abrirse a la resurrección.

¿Pero cómo tendemos a responder a estas posibilidades de resurrección?

En general, nos resignamos a la muerte, y a los caminos de muerte. Respondemos como la primera organización en Haití – “no hay nada que hacer….no es posible.”  Respondemos con incredulidad, igual cómo las respuestas iniciales a la resurrección de Jesús.  Según relatos de los evangelios, las mujeres cercanas a Jesús fueron las primeras en darse cuenta que Jesús no quedaba quieto en la tumba como esperaban.  Informaron a los hombres discípulos, y dos de ellos fueron a explorar, quedándose perplejos.  Luego Maria Magdalena se encontró directamente con Jesús, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó:

—Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:

—Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo.

Jesús entonces le dijo:

—¡María!

¿Como respondió Jesús resucitado a María?  La llamó por su nombre.  Jesús nos llama por nuestro nombre.  Está con nosotros.  Esta presencia de Dios con nosotros es lo primero que nos abre el camino de la resurrección.  Jesús toma la iniciativa, y sólo tenemos que estar atentos a esta presencia de Dios con nosotros.

Una semana después de la resurrección, varias personas ya se han encontrado con Jesús.  Pero estos testigos no fueron suficientes para convencer a uno de los discípulos cercanos a Jesús.  Tomás dijo:

Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer.

El puso sus propias condiciones a la resurrección.  Solo sería real si cumpliera con esas condiciones.

Cuando Jesús regresa al grupo de discípulos, dijo:

—¡Paz a ustedes!

Luego dijo a Tomás:

—Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!

 Tomás entonces exclamó:

—¡Mi Señor y mi Dios!Jesús le dijo:

—¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!

Jesús nos está llamando a poner igual atención a todas las formas que Dios nos comunique, de no estar solamente dependiente de los sentimientos o sensaciones.  ¿Podemos tener fe aun sin evidencia científica o aun sin milagros?  ¿Podemos tener fe aun cuando no nos sentimos grandes emociones?  ¿Podemos silenciar nuestras propias condicionamientos y expectativas suficientemente para abrirnos otras alternativas?   Entonces,  podemos encontrar resurrecciones. Las resurrecciones no ocurre de acuerdo a nuestras reglas, pero esto no las hace menos reales.

Pero la respuesta más común a la resurrección de Jesús, y a las resurrecciones alrededor de nosotros es la reacción de Pedro que encontramos en Juan 21:

 ―Me voy a pescar —dijo Simón Pedro.

Pedro había vuelto a los patrones de vida de antes de su encuentro con Jesús tres años anteriores.  Aunque vio y aceptó la resurrección de Jesús, no entendió que ésta fuera una invitación a hacer cambios de fondo permanentes.  Pero al volver su mirada atrás, volvió a tener el mismo resultado de antes.  “Esa noche no pescaron nada.”  Esfuerzos sin frutos.

Lo que sigue en el relato de Juan 21 es demasiado similar a los relatos de los primeros encuentros de Jesús con estos mismos discípulos, en Lucas 5.  Otra vez Jesús les indica donde pescar, y de repente hay una abundancia asombrosa de peces, y reconocen a Jesús, de nuevo.

En seguida Jesús tiene una conversación íntima y restauradora con Pedro.   Al final, deja un llamado claro:

―¡Sígueme! Jesús resucitado nos invita a seguirlo, más allá de su resurrección. Es una invitación a seguir en el camino que sigue abriéndose cuando tomamos nuevos pasos.  La resurrección de Jesús no es algo para “creer”. Es para vivir y  caminar todos los días.  Implica estar dispuesto a dejar morir lo que estaba en el pasado y abrirnos a algo nuevo. La resurrección implica que no podemos quedarnos atascados en el camino.  El camino se hace al andar.

Anna Vogt.

Quiero terminar con el relato de unas personas que conocí en la frontera entre México y los Estados Unidos.  Es una zona difícil.  Donde hay pueblos, se han construido grandes muros, y las zonas más remotas son desérticas hostiles.  Todo es militarizado.  Miles de personas han muerto en el desierto.

Conocí a un guardia de la frontera, Bill.  Hacía unos años atrás, él llegó a la iglesia y se comprometió con Jesús.  A  raíz de este compromiso, trataba de demostrar misericordia a migrantes.  Hay otras guardias que hacen lo opuesto – que dañan las fuentes de agua en el desierto y que disparan a los migrantes cuando van corriendo de regreso a la frontera.  Bill no hace nada así.  Notablemente afectado, me contó de haber detenido un señor que se quebrantó, y entre sollozos sólo decía “Es mi hijo….sólo quiero que pueda ir a bachillerato.” Bob le dio una botella de agua y un sándwich, pero luego lo detuvo y lo encarceló.

Bill me hace pensar en Pedro.  Ha sido tocado por Jesús, y camina de manera distinta, pero no está abierto a cambiar de ruta.  Bob mismo hablaba de la ansiedad y grandes problemas emocionales que él,  y todas las guardias, sufren.  Todavía hay una resurrección por venir en su camino pero no ha soltado la muerte.

Vigilia para recordar los migrantes que han muerto cruzando el desierto. Anna Vogt.

Conocí a Bill en la casa de otra pareja – Jack y Linda.  Son una pareja pastoral estadounidense quienes, al jubilarse, decidieron vender lo que tenían para comprar dos casas cerca a la frontera.  Viven en una, pero las dos están abiertas para recibir a quien sea que necesite hospedaje. Conocen profundamente las historias y el sufrimiento de muchas personas que han migrado. Todos los jueves Jack y Linda se paren con otras personas en la vía principal cerca al Muro, para orar y levantar cruces que tienen los nombres y edades de personas que han muerto cruzando la frontera.  A Jack y Linda, les duele profundamente todo esto, pero no se han estacado en el dolor. Se abren la vida y la casa a todas las personas, aun a una persona como Bill, quien podría parecer la causa de su dolor.

Ellos explican así:

“El opuesto de la violencia no es la noviolencia.  Es hospitalidad.  Es recibir gente como son.  Nuestra fe es la base de la hospitalidad que proveemos.  También nos da nuestra segunda regla: no tener miedo.  Eso es todo.  Así decidimos vivir nuestras vidas.”

De esta manera se abren la vida a la resurrección.

Abrámonos.  Sigamos a Jesús por este camino de resurrección.  No todo será fácil, pero Dios está con nosotros, está en nosotros, emergiendo en nosotros, resusitandose en nosotros. Podemos tomar nuevos pasos en el camino y saber que al final, todo estará bien.

Anna Vogt.

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