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Wendy Vado es la Coordinadora del programa Enlace de CCM Nicaragua y Costa Rica.

Hace unos días viajé a Colombia a una orientación regional para nuevos trabajadores del Comité Central Menonita en la región. Confieso que no estaba precisamente muy animada de viajar a Colombia, aun cuando me encanta viajar y conocer nuevos países. La razón quizás fue porque desde el inicio se me hizo difícil como nicaragüense conseguir la visa hacia este país, pero, me embargaba la curiosidad como amante de Gabo (Gabriel García Márquez), de conocer su tierra. Para mí era un lujo, que hasta ese momento sólo había descubierto en sus novelas.

Algo de mi instinto no falló. En la fila de migración al entrar al país, las oficiales migratorias fueron muy aprensivas al saber que era nicaragüense. Sin embargo, no tuvimos mayores problemas. De hecho, en Colombia se sabe más de Nicaragua que nosotros de Colombia. Al viajar no solo viajás vos, sino que los conflictos y litigios internacionales que tu país tiene con otros. Para mi sorpresa Nicaragua tiene varios.

Obviamente mi acento desentonaba de cualquier conocido. Especialmente en este momento, donde Colombia tiene un importante grupo de migrantes provenientes de Venezuela. Y aún cuando se sabe mucho de Nicaragua, son muy pocos y raros los nicaragüenses que viven o viajan allá, al menos me di cuenta de eso mientras hacíamos un tour de grafiti callejero en Bogotá y una de las guías al escucharme, me dijo sorprendida: “que chévere ese acento, jamás lo había escuchado”, yo muy orgullosa como siempre de mi identidad le dije: “claro, soy Nicaragüense”… “¡Wow Nicaragüense!, jamás había conocido a un nicaragüense”, me respondió ella.

Imaginarán que para ese punto yo estaba como un pavo real hasta que mi admiradora me dejo caer un bote de agua fría: hablas igualito al rey de los perezosos que salen en Madagascar, ese que canta “quiero mover el bote, quiero mover el bote”. Aún cuando me sentí un poco ofendida por la comparación, solté en carcajadas y le alabé la ocurrencia.

Grafitti callejero en Bogota. Foto: Wendy Vado

Pasó muy poco para darme cuenta de que lejos de las apariencias, infraestructuras, dialectos y acentos, Colombia y Nicaragua comparten más de lo que parece o lo que los litigios internacionales quieren hacer ver. Ambos países en este momento viven momentos de tensión, miedo y dolor provocados por la violencia que desgarra a los dos países. Esa misma semana un coche bomba explotó, matando a 20 personas en un academia de policías en Bogotá mismo. Me quedo más claro aún, cuando las mujeres colombianas abrían su corazón y dejaban ver la angustia, tristeza y dolor que sentían en ese momento, muy parecido a lo que los y las nicaragüenses sentimos ahora… Y en medio de eso, nos damos cuenta de que este dolor y clamor de paz no es exclusivo de nuestros países, sino de toda nuestra región americana. ¿Será que estamos en la era dónde ha triunfado la violencia, el odio, las guerras y el nacionalismo desmedido?

Para mí todavía no, no porque recuerdo que en la iglesia en la que nos congregamos durante el tiempo allá, una hermana estaba pidiendo oración por la hermana venezolana que había llegado a Colombia recientemente. Embarazada, necesitaba un lugar donde quedarse y la hermana pedía a la iglesia apoyarla. Eso me trasladó a pensar en la condición de una mujer embarazada y migrante. ¿Cómo no acongojarme frente a eso? Mi corazón se desbordó aún más en el momento de agradecimientos del culto, una jóven que había servido con CCM en Nicaragua se levantó en medio de la congregación y les dijo cómo nosotros los nicaragüenses la habíamos acogido cuando ella estaba en nuestro país, sobre todo en los momentos de crisis por la violencia; esto la hacía sentir nicaragüense y me dijo que ésta también era mi tierra. Hasta ese momento, honestamente no la había sentido así. Pero esas palabras no solo hicieron eco en mi corazón por lo cálido que sonaban sino por la gran verdad que me traía: Sólo cuando sos extranjero en otra tierra, te das cuenta de la importancia de la hospitalidad. En ese momento lloré y oré para que todos aquellas personas que han tenido que salir de sus países y dejar atrás su mundo conocido, pudieran encontrar personas que las alentaran de esa manera.

Diana Martinez de Colombia, YAMENer 2018 en Nicaragua y Wendy Vado Coordinadora del programa Enlace de CCM Nicaragua y Costa Rica. Foto: Wendy Vado.

Quizás los gobiernos y problemas estructurales de los países lleven años en resolverse, pero lo cierto es que cuando hallan espacios comunitarios, donde nos acompañemos el uno a la otra y nos veamos como seres humanos en una humanidad compartida, siempre habrá esperanza.

 

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