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Agradezco a Dios esta sencilla lección: “Lo que veía como desgracia, ahora lo uso como bendición para otra persona, qué a su vez por su necesidad me bendijo a mí. ¨”

Quiero compartirles un poco de lo que he aprendido en mi tiempo con CASM en la cual soy voluntaria CASM (Comisión de Acción Social Menonita) apoyando a los migrantes retornados. Hay diferentes componentes y acciones desarrolladas en este programa. La migración sigue siendo alta, y a pesar del COVID 19 todavía se ven salir caravanas de migrantes. Estados Unidos y México siguen deportando, donde podemos encontrar, representados todos los grupos sociales hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos; en especial a los niños se les da un muy buen trato y a la vez un trato riguroso ya que como dictan los Derechos Humanos a los niños y las niñas se les debe brindar bienestar y seguridad sea cual sea la situación en la que ellos se encuentren. Por eso es que cuando los agentes deportan a un migrante menor de edad que este o no acompañado lo trasladan a instituciones gubernamentales buscando protección del menor.

Una institución qué se dedica a eso en Honduras es el centro DINAF BELÉN. Normalmente hay dos lugares en Honduras en dónde llegan los migrantes deportados en el Centros de Atención al Migrante Retornado (CAMR) que va hacia la Lima, ahí llegan los vuelos con los migrantes deportados pero todo menor de edad lo trasladan al centro Belén. Mientras no sea mayor de edad llegará ahí: si va con su familia, los trasladan a todos, y si no, va acompañado solo a ellos. En el centro Belén, por lo que me pude dar cuenta les dan alimentos, productos de uso prioritario, les permiten bañar y cambiar, hay atención médica psicológica y judicial con la presencia de un abogado, también, les dan un boleto a la terminal de autobuses de San Pedro Sula hacia departamentos concurridos y centrales como la capital Tegucigalpa, Ceiba y Copán.

Imagen cortesía de CASM/Elda Antonio Garcia

Aunque la ayuda puede verse basta, en realidad no completa la necesidad que tiene un migrante ya que, después de recorrer un camino que consta de más de 30 días gastando todos sus recursos y prácticamente viajando sin muchas pertenencias, no cuentan con nada de dinero para regresar a casa o con sus familias. La mayoría de los migrantes son de pueblos, departamentos y lugares alejados, proveniente de toda Honduras. El centro Belén no puede apoyarles completamente, por lo que se ha unido con CASM y, junto a través de Childfund, ha conseguido ayudarles con dinero: 200 a 500 Lempiras para llegar hasta su comunidad y acercarse en dónde está su familia, ya que con el boleto que les dan solo llegan hasta un lugar cercano, céntrico. Si les sobra, compran agua o algún alimento para el camino. También, se les da una tarjeta de supermercado para cada miembro de la familia, la cual consta de 334 lempiras que pueden utilizar en la cadena de tiendas Walmart en todo Honduras. Este dinero electrónico les permitirá comprar alimentos y productos de primera necesidad para su regreso.

En los departamentos de Cortés, Yoro, Santa Bárbara tenemos cobertura con el programa medios de vida, el cual proporciona becas escolares, cursos de formación técnica e inversión de capital semilla para emprendedores. A las familias de estos departamentos se les ofrece esta oportunidad. El día 2 y 3 de noviembre tuve la oportunidad de apoyar a mi compañera Stefany Hernández en este programa de ayuda humanitaria que brindan.

Muchas vivencias, tantas historias se quedaron grabadas en mí, pero una experiencia en especial sacudió mi vida. Yo soy de México y el servir en Honduras implicó el cambiar de compañía de celular. El medio para comunicarme con mi familia y con la gente que conozco en México es por medio de WhatsApp, pero el internet tanto de la casa como el consumo de datos en red es inestable y eso me genera impotencia. Debido a esta situación dije: la única solución es llamar normal a México, pero obvio no se podía, ya que implica una larga distancia. Me di a la tarea de investigar, y 5 minutos a México de una llamada costaba 25 lempiras. 5 minutos es muy poco tiempo y equivale a $1. En esa misma búsqueda vi que tenía minutos para Estados Unidos y Canadá. Pensé “de qué me sirve tener tantos minutos hacia esos países, no es el lugar en dónde quiero llamar”. Recuerdo que hasta me incomodaba saber eso y, renegando de esa situación, me enojé.

Imagen cortesía de CASM

El día miércoles que igual estábamos en el centro Belén dimos a todas las familias la información y ayuda humanitaria. En un instante observamos a una mujer, la cual ya había sido beneficiada, buscando impacientemente hacer una llamada a su familia, para que ellos supieran cómo estaban ella y su hijo y fueran por ellos. La mandamos con la encargada del área de las llamadas y notamos que regresó desilusionada: el único número que de memoria se sabía era el de su esposo que estaba en Texas y pero no había llamadas internacionales. Cómo le preguntamos si necesitaba algo, nos contó. Yo sí tenía para hacer llamadas extranjeras—no estaba tan consciente, pero de pronto recordé que tenía bastantes minutos disponibles, así que le dije “intentemos hacer esta llamada”. Me dictó el número y, cuando contestaron, sus ojos se iluminaron de esperanza. Habló y explicó cómo estaba lo que necesitaba rápidamente—lo dijo pensando que me cobraría muy caro por su llamada, habló súper rápido. Dimos tiempo para que su esposo llamara para que fueran a recogerla y después me acerqué y le dije que quería que hablara más tranquila con él. Le di mi teléfono y me dijo “sí, porque le dije todo muy rápido, solamente para que no se preocupara”.

En ese momento recordé el reclamó que hacía y sonreí volviendo a marcarle a su esposo. La señora desconocía dónde estaba, ya que ella es de otro departamento de Honduras. Me pidió enviar la ubicación y así lo hice. Luego nosotras nos retiramos con la esperanza de que iban a ir por ella.

Más tarde recibí otra llamada desde el número de contacto. La señora me explicó que ya se encontraba camino a casa, agradeciéndome porque para ella, la llamada a su esposo fue vital e importante y por medio del celular, compartiendo la ubicación, pudieron reunirse la familia. Agradezco a Dios esta sencilla lección: “lo que veía como desgracia ahora lo uso como bendición para otra persona, qué a su vez por su necesidad me bendijo a mí.”

Habrá muchas cosas que sucederán alrededor de nuestra persona. Nuestro trabajo es identificar que esos sucesos nos enseñan y ayudan a crecer. A veces pasan desapercibidos, pero yo las llamo lecciones de amor del cielo para que nuestra vida sea dinámica y completa.


Elda Antonio Garcia está sirviendo como Asistente de Incidencia y Comunicaciones en Migración con el CASM como parte del programa de YAMEN de CCM.

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