Dos jovenes en la Semana de Servicio

Dos jovenes en la Semana de Servicio

Nancy Sabas, Coordinadora de Enlaces con CCM Guatemala y El Salvador

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Todos los años, el programa de Connecting Peoples realiza la actividad Semana de Servicio, donde muchos jóvenes de Guatemala y El Salvador se reúnen a discutir un tema de relevancia de sus comunidades. El año pasado discutimos el tema de la migración, y a través de teatros, los jóvenes actuaron sus realidades en cada contexto.

Uno de los dramas, trataba sobre los hijos de una mujer abusada por su esposo. Ellos, cansados del abuso hacia su madre, deciden migrar al Norte para generar ingresos y de esta forma proveer los medios para sacarla de ese ambiente violento. Este drama, trajo a mi atención la siguiente pregunta: ¿El abuso contra la mujer e inequidad de género también como causa de la migración?

Si bien en este drama, se representaba a una mujer en una posición inmóvil sin migrar, la realidad también nos muestra que cada vez más las cifras de mujeres migrantes aumentan. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU), para 2013, En Latinoamérica y El Caribe la cantidad de mujeres migrantes asciende a más de la mitad en función de la cantidad total de migrantes.

Si la mayoría de migrantes de Latinoamérica y El Caribe son mujeres, ¿Porqué las mujeres migrantes siguen invisibilizadas? ¿Porqué las causas de la migración basadas en género no reciben atención? ¿Por qué no gozan de tanta atención las cosas que les pasan a las mujeres una vez que llegan al país de destino?

El Instituto de Políticas de Migración (MPI) apunta que hasta principios de los 80´s, se dejó de utilizar el término ¨Los migrantes y sus familias¨ (léase como hombres migrantes, más sus esposas e hijos) para empezar a incluir a las mujeres como activas migrantes, aunque esto implicara más un cambio semántico y muy pobre en su practicidad en cuanto a consideraciones que tomaran en cuenta la variable ¨género¨.

La invisibilización de las mujeres en la migración permite la ausencia de una responsabilidad Estatal y la explotación hacia este sector de producción, dando como resultado la manutención de un negocio de alto lucro que provee cantidades seriamente significativas en los Productos Internos Brutos (PIB) de los países que envían migrantes. Según el Banco Mundial, para 2014 las remesas representaron el 16.9% del PIB en Honduras, el 16.4% en El Salvador, el 10% en Guatemala y el 9,6% en Nicaragua. Para Estados Unidos, uno de los países que recibe la mayor cantidad de migrantes Centroamericanos, el trabajo los migrantes internacionales representa el 32% del PIB en su economía.

Sin embargo, el abuso hacia la mujer no comienza en su trayecto como migrante.

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Hace unos meses, un grupo de estudiantes locales del área de Altaverapaz dramatizaron la historia de una mujer indígena que lavaba ropa sobre una roca en el río. En el drama, un hombre se acerca a la chica y la empieza a acosar sexualmente. Ella se resiste y él le arroja una roca en su cabeza para matarla. La roca la hiere más no la mata, pero ella se defiende de la misma forma matando a su agresor, sin ser esta su intención. El drama, que pretendía ser una comedia, termina en la encarcelación de la chica por haber matado en defensa propia a su agresor. Desafortunadamente, ese drama traduce gran parte de la situación que las mujeres viven en los diferentes contextos de sus países de origen.

El tema más tangible en Centroamérica con respecto a la violencia contra la mujer, son los recurrentes ´feminicidios´. Un feminicidio es un asesinato que está ligado con el desprecio hacia las mujeres, machismo y la asunción de que una mujer es una propiedad. El ejemplo en el drama es útil para ilustrar un atento de feminicidio: El agresor se siente entitulado sobre el cuerpo de la mujer indígena y la intenta matar cuando ella defiende su cuerpo. De acuerdo con el Centro Feminista de Información y Acción: ¨Los ‘feminicidios’ en los países de Centroamérica se están disparando hasta el punto de que, en algunos países de la zona, superan los 100 homicidios por 100.000 habitantes¨. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe haya reportado que el 90% de los casos de feminicidio quedan en absoluta impunidad.

La violencia contra la mujer actua como un espiral en un sistema viciado en los diferentes espacios. El acoso sexual callejero se vive en Centroamerica como algo ¨normal¨ y no se condena. Las mujeres, con menos acceso a la educación y asumen en gran parte trabajos no especializados en el área de la manufactura. Desafortunadamente, las vulnerabilidades en estos trabajos son mayores –más no exclusivos- en cuanto a explotación, inequidad salarial y acoso laboral. En la esfera domestica, el abuso contra la mujer generalmente no se denuncia por ser de carácter ¨privado¨, por miedo al conyuge y por la falta de confianza en el sistema judicial.

Cuando la mujer emprende su trayecto como migrante, sus desafíos no disminuyen. Amnistía Internacional calcula que el 60% de las mujeres migrantes son víctimas de abuso sexual en su trayecto al Norte, aunque se especula que esta cantidad pudiera alcanzar hasta un 80%. Por otro lado, el FPNU agregaba: Las migrantes son especialmente vulnerables ante la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, un negocio multimillonario. Las mujeres víctimas de la trata se ven expuestas a la violencia sexual y a las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, y sin embargo su acceso a los servicios médicos o legales es escaso¨.

Sin duda, los abusos de las migrantes en su camino hacia Estados Unidos han ganado mayor cobertura mediática comparado con la casi nula visibilización del abuso hacia ellas después de haber logrado entrar al país de destino. La cruel discriminación y segregación hacia los inmigrantes en los países de destino es un problema real. Durante nuestra actividad de semana de servicio, una chica quien trabajo como aseadora y fue deportada de los EEUU compartía su experiencia: ¨Había una oficina en la que no se me permitía limpiar, pues la señora que trabajaba ahí no quería que ´una sucia ilegal´ tocara sus cosas¨.

A nivel de Estado, EEUU no parece estar muy interesado en concentrar esfuerzos para disminuir la explotación laboral que sufren los migrantes, y que doblemente sufren las migrantes. La corte suprema de los Estados Unidos no parece tener como prioridad aprobar una reforma migratoria que beneficie a miles de inmigrantes que no poseen documentos, para que puedan trabajar temporalmente con protección de la ley.

Se dice que en un día cualquiera, hay aproximadamente 30,000 inmigrantes detenidos en Estados Unidos, dentro de las cuales se calcula que un 10% son mujeres. Diferentes organizaciones de derechos humanos, quienes tienen fuertes preocupaciones sobre las condiciones particularmente alrededor del abuso sexual, separación familiar, servicios médicos y mentales, atención durante embarazos y post-natales, a la vez que el acceso a consejería legal. La división de derechos de las mujeres de Human Rights Watch afirmó: “Mujeres bajo detención describieron violaciones tales como el hecho de engrilletar a detenidas embarazadas o no dar seguimiento a señales de cáncer de mama o de cuello uterino, así como afrentas a su dignidad. En vista de que la detención inmigratoria es la forma de encarcelamiento de más rápido crecimiento en Estados Unidos, estos abusos son especialmente peligrosos. En gran medida permanecen ocultos del escrutinio público y de una supervisión eficaz”.

En caso de deportación, el ¨viacrucis¨ de la mujer migrante continúa. Los desafíos que enfrenta al momento de la repatriación, se podrían enumerar en una enorme lista: separación familiar, abstracción de sus hijos nacidos en Estados Unidos, trauma, problemas financieros, deudas con los coyotes, etc. Las mujeres que son deportadas usualmente se encuentran con una realidad aún más dura de la que dejaron antes de salir y con frecuencia, vuelven a intentar migrar.

La trayectoria de la mujer que migra es una realidad compleja que merece ser tomada en consideración bajo una mirada más profunda: una que asuma su contexto específico, su género y su relación con los diferentes poderes en cada etapa de su recorrido. Las respuestas al problema de la migración deben envolver cambios estructurales que impacten las condiciones por las que las mujeres huyen de sus países. Se requiere empezar con una visibilización de la migrante y apuntar hacia la creación de condiciones y políticas que garanticen la no explotación de su fuerza de trabajo, su seguridad, la soberanía sobre su cuerpo y la cero tolerancia hacia la discriminación de la que actualmente son víctimas, a la vez que el cambio sostenible de las condiciones en el país de partida.

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