This post is also available in: Inglés

Francisca Pacheco Alvarado de Valparaíso, Chile, trabaja con CCM-Semilla en Istmina, Chocó, Colombia, acompañando la nueva comunidad por construir la paz. 


Se me ocurre que vas a llegar distinta 
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta

(Extracto “Bienvenida”. Mario Benedetti)


Vivir en la ciudad es sinónimo de correr. Ahí no se puede caminar, ni conversar en la esquina con algún(a) conocido(a) que encontraste y que claramente no veías hace mucho tiempo, ni saludar a los amigos o las amigas camino al trabajo o al regreso de este porque parar significaría perder.

¿Perder qué?

Perder la locomoción para llegar a tiempo porque es hora de mucho tráfico y lo más probable es que la congestión de vehículos sea grande. Perder la opción de encontrar un asiento en el bus. Sería perder horas de trabajo y a su vez perder dinero porque si trabajas menos, ganas menos. Perder la posibilidad de llegar un poco más temprano a casa. Perder la opción de adelantar quehaceres y tener tiempo de recreación. En resumen, pierdes tiempo para “vivir”.

Calle del comercio. Istmina, Foto: Francisca Pacheco

Chocó no es así, porque no se corre, se camina. Y caminando hay tiempo de saludar, de conversar, de trabajar, de hacer oficio, de reír, de llegar a casa a tiempo.

Recuerdo que uno de los primeros días viviendo en Istmina alguien me dijo “no corra mija, no hay afán”. ¿De verdad no hay afán? Y fue cuando me di cuenta que la ciudad estaba haciendo sombra sobre mi.

Les contaré sobre un día.

Por las mañanas las personas salen temprano de sus casas camino al trabajo, escuelas o al mercado y mientras más temprano mejor (antes de las siete la mayoría está en sus labores), porque a cierta hora del día el sol y el calor no perdonan a nadie y es mejor estar en un lugar seguro. Yo salgo un poco más tarde. Al caminar por la calle, además de ver y escuchar como se saludan entre sí muy amablemente, también recibo saludos como “adiós vecina”, “cómo está”, “que tenga lindo día seño” y puedo saludarles libremente, a quién sea.

Las mañanas transcurren ajetreadas entre mototaxis, motos, algunos autos, comercio, arroz con leche, arepas, niños/as, adolescentes y jóvenes camino a estudiar, gente caminando, haciendo compras, puede que alguna vez  un camión grande quiso pasar y bloqueó la calle. El ruido de la calle es de motores, de música y de personas conversando. ¡La alegría y la cordialidad se transmite!

Por las tardes al caminar a casa los niños y las niñas juegan en la calle, y hay adolescentes, jóvenes y gente adulta fuera de las casas conversando, escuchando música, jugando, acompañándose.

Siento que en mi estadía acá he perdido. He perdido el miedo a detenerme y vivir, detenerme y disfrutar, disfrutarnos.

Artículos relacionados